jueves, 18 de febrero de 2016

El héroe y el monumento: a puertas del bicentenario del nacimiento de Bolognesi

Armando Joyuén Lau
UNMSM

Cada 7 de junio se realiza en la Plaza Bolognesi una ceremonia institucional conmemorando un aniversario de la Batalla de Arica. El entorno alrededor del majestuoso monumento se convierte en el escenario de los actos recordatorios con motivo del sacrificio de los defensores del último bastión peruano del Sur durante la Guerra del Pacífico. Bolognesi debe ser (junto con Grau) el personaje con la mayor cantidad de efigies a lo largo y ancho de nuestro país, un elemento infaltable en cada ciudad y localidad. Pero no cabe duda de que este monumento en particular, junto con las características edificaciones que rodean la plaza, conforman uno de los conjuntos escultórico-arquitectónico más emblemáticos y resaltantes de nuestra ciudad por su calidad artística y fino acabado. 



Sin embargo, el nivel de deterioro que ha sufrido en pocos años o décadas es alarmante, como viene sucediendo también con muchos de nuestros bienes integrantes del Patrimonio Histórico y Cultural de la Nación. Además de la contaminación del ambiente, la mutilación de algunas de sus piezas y el vandalismo al que está expuesto, existen condiciones no menos graves e igual de dañinas ya sea por la acción o por la inacción de las autoridades competentes. La composición del monumento se ha visto alterada porque la base, el pedestal y otros elementos del monumento han sido cubiertos con pintura, distorsionando su apariencia original y rompiendo el dialogo entre el granito, el bronce y el mármol que lo componen.



Cabe agregar también el reemplazo que se realizó de la estatua original de Agustín Querol por una hecha por Artemio Ocaña, con un semblante más altivo y victorioso en conformidad con la idiosincrasia de los principales mandos militares. Cuestionada e incomprendida desde sus comienzos, la escultura de Querol ha sido poco reconocida en su valor estético y la contundencia de su mensaje (sin pretender desmerecer la fuerza del trabajo de Ocaña). En palabras de Freddy Cabanillas: "...muestra al héroe herido de muerte, ensimismado en su sacrifico consciente, abrazando la bandera y sin soltar el revólver con el que ha disparado el último cartucho"Actualmente, la escultura se encuentra en uno de los baluartes de la fortaleza del Real Felipe, en el Museo del Ejército. Irónicamente, conversando con el estimado Cabanillas, en esta ubicación se tiene la impresionante figura más al alcance de la vista y se puede apreciar mejor los detalles de la misma.


¿Tiene una actitud resignada y derrotista? Considero que no. El simbolismo y la expresividad de la escultura exaltan el momento sublime del sacrificio voluntario y determinado en cumplimiento de su deber y su palabra, por el cual es elevado a la gloria y alcanza la fama siendo recordado por la Historia. En este discurso es a través de la inmolación de sus héroes que la nación humillada y derrotada logra la redención. Es una sensibilidad distinta que llama a una lectura más profunda de la obra. Guardando las distancias, la imagen del Cristo crucificado es sin duda la expresión más icónica y fundamental de la fe católica. Existen críticas de quienes consideran que resaltar ese aspecto es exhibir un momento de sufrimiento y humillación. Por el contrario, el mensaje esencial y central del cristianismo está plasmado en el sacrificio redentor movido por el amor. En ese sentido, la exaltación de los héroes de la Patria responde a un proceso de secularización de las imágenes en el espacio público.


Además de ser una falta de respeto al artista, constituye una alteración seria a la originalidad del monumento, aquel frente al cual dio un emotivo discurso allá en su inauguración en 1905 el argentino Roque Sáenz Peña, uno de los oficiales bajo las órdenes del coronel Bolognesi en Arica (qué apoteósico habría sido ver recreada esta significativa ceremonia como una de las secuencias en el colofón de la película Gloria del Pacífico de Juan Carlos Oganes). Reponer la estatua original sería lo ideal. De lo contrario, sería interesante que se contemple erigir un monumento distinto en una propia plaza. Para tal caso, la Plaza de la Bandera habría sido una buena opción, en lugar de la cuestionable remodelación realizada por la anterior gestión edil. Es curioso considerando que el significado de la fecha del Día de la Bandera alude justamente al sacrificio de Bolognesi y sus hombres.



Lamentable la situación del principal monumento erigido a Bolognesi y los combatientes bajo su mando a puertas de cumplirse 200 años del natalicio de su figura central. La reparación de sus partes faltantes y una limpieza son un buen comienzo y es posible hacerlo. Pero sobre todo, es necesario que las instituciones políticas y militares vinculadas (Municipalidad de Lima, Ministerio de Cultura, Ministerio de Defensa, Ejército del Perú) se planteen como objetivo la recuperación de este importante espacio para devolverle la dignidad que le corresponde. Esto incluye buscar los medios para deshacer la distorsión perpetrada sobre el pedestal y devolverle su apariencia auténtica, y que la restauración vaya de la mano con un mayor cuidado y un respeto por parte de la ciudadanía a un tributo dedicado por la nación. ¿Será posible? ¿Será costoso? Pues es necesario buscar una solución antes de que la situación sea irreversible e imposible de recuperar. Esperemos que esto no quede solo para la foto.



Bibliografía y enlaces

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