miércoles, 13 de marzo de 2013

La Hora N: Entrevista a Carmen Mc Evoy - 'Armas de persuasión masiva'

La siguiente es una entrevista a la historiadora peruana Carmen Mc Evoy en el programa 'La Hora N' por Jaime de Althaus (Canal N). Esto con motivo de la publicación de su libro 'Armas de persuasión masiva: retórica y ritual en la Guerra del Pacífico', el cual trata acerca de la construcción del discurso y la ritualidad construida por Chile para la justificación de su participación en la guerra que enfrentó contra el Perú y Bolivia.



jueves, 7 de marzo de 2013

Reseña: La laguna de los villanos - Bolivia, Arequipa y Lizardo Montero en la Guerra del Pacífico (1881-1883)

Armando Joyuén Lau
UNMSM
armandojoyuen25@yahoo.com


Parodi, Daniel. “La laguna de los villanos: Bolivia, Arequipa y Lizardo Montero en la Guerra del Pacífico (1881-1883)”. Lima: Fondo Editorial PUCP / IFEA, 2001, 151 pp.

Tanto la memoria como el conocimiento histórico se construyen no solo a partir de lo que se sabe, sino también en buena medida de lo que se desconoce. Además de la información que se logra obtener, las omisiones y los olvidos tienen una influencia innegable en la reconstrucción del pasado y en la formación de los imaginarios que se crean sobre éste. Existe por lo tanto una retroalimentación entre la producción historiográfica y lo que conoce el común que configura las imágenes e impresiones que se forman del pasado. Algunas de estas apreciaciones se forman a partir de prejuicios o de una interpretación parcial del pasado, las cuales no se condicen necesariamente con la realidad. De esta manera, muchas veces el historiador asume el rol de rebatir estos mitos a la luz de los acontecimientos.

Este proceso atañe también a la Guerra del Pacífico, cuya huella marcó particularmente al Perú porque hizo patentes las carencias y limitaciones en los pocos avances logrados desde su formación como república, lo cual lleva al planteamiento de cuestionamientos esenciales, de las cuales una de las más cruciales es el de las causas que llevaron a la derrota en el conflicto. Esta inquietud, quizás una de las que más ha trascendido en estos años, conlleva a la búsqueda de causas más profundas y estructurales que mermaron la unidad del Perú como nación. A esta falta de integración que repercutió en el esfuerzo de defensa del territorio patrio se suma la incapacidad de las clases dirigentes de reconocer intereses comunes que terminó afectando el desenlace de los acontecimientos.

En este libro, publicado a partir de su tesis de licenciatura, Daniel Parodi se enfoca en el tema de la Alianza Perú-Boliviana en los momentos finales de la guerra, al cual la historiografía nacional le ha dedicado poca atención. Con un título algo enigmático, el autor refiere a estos tres elementos sobre los cuales han recaído ciertos juicios de valor con respecto a su participación en el conflicto. Quizá una de las afirmaciones más reiteradas y que aún prevalecen es el abandono de la guerra por parte de Bolivia, a la cual se le atribuye además la culpa del involucramiento del Perú en la misma. Asimismo, se acusa a Lizardo Montero de la inacción y falta de apoyo a la resistencia cacerista por parte de su gobierno instalado en Arequipa, mientras que se afirma que esta ciudad cayó sin combatir ante una expedición chilena.

Sostiene Parodi que estas apreciaciones se originan, no por falta de información o de fuentes, sino por la poca profundidad y enfoque en el estudio de estos temas. Cuestiona las versiones comúnmente difundidas con respecto a la participación que tuvieron en el conflicto. Su vinculación gira en torno a la alianza con Bolivia sostenida a través de la gestión de Lizardo Montero en Arequipa, la cual pasó a ser la capital provisional de la República. Existe una laguna de conocimiento sobre el tema de la Alianza Perú-Boliviana y sus esfuerzos por lograr condiciones de paz más decorosas en este contexto de la guerra. Así, lo que el autor se propone es contribuir a desmitificar las creencias que se han formado sobre estos actores y que han llevado a que la historiografía tradicional los tenga como “villanos”.

La hipótesis planteada en la obra es la continuidad de la Alianza Perú-Boliviana más allá de la fecha comúnmente asignada, el 26 de mayo de 1880, la Batalla del Alto de la Alianza (última acción de armas en la que participaron las fuerzas bolivianas). Esta unión se mantuvo hasta el final de la guerra a través del gobierno del contraalmirante Montero. El autor se propone explicar el rol desempeñado por estos actores en el desarrollo y posterior fracaso de las gestiones, las cuales incluyeron el envío de armamento y elementos bélicos por parte del país altiplánico con el fin de fortalecer la posición diplomática de los aliados en la mesa de negociación.

Plantea una nueva periodización de la guerra. En esta interpretación, el marco cronológico cubierto por el libro corresponde a una segunda fase, titulada la “etapa de las negociaciones diplomáticas”. Tras la ocupación de Lima y una vez constatada la ventajosa situación militar de Chile, los contendientes replantean sus lineamientos y fijan sus intereses en función del establecimiento de términos para la paz. Sugiere así que la ausencia de los ejércitos boliviano y peruano en los campos de batalla se explicaría en un contexto donde la diplomacia y las negociaciones pasan a tener un rol predominante.

Así, hace un desarrollo de la definición del derrotero y las medidas tomados por los aliados para intentar lograr una paz con condiciones menos perjudiciales, las cuales se fueron configurando de acuerdo con el transcurso de los acontecimientos. La postura planteada por el gobierno Francisco García Calderón, y seguida posteriormente por Montero, tenía como punto central mantener la integridad del suelo patrio evitando en lo posible la cesión territorial. Inicialmente la renuencia de perder Tarapacá, siguiendo con los lineamientos del gobierno de la Magdalena; y posteriormente, ante la imposibilidad de preservarla, buscar las posibilidades para la recuperación de Tacna y Arica. Ésta era la prioridad de su política diplomática, ya que su conservación era fundamental para que Bolivia pudiera tener una salida al mar en el marco de la unión con el Perú. El fracaso de la mediación de los Estados Unidos, que pasó de cierto respaldo inicial a los aliados a presionar para la aceptación de los términos chilenos, favorece el acercamiento entre ambas naciones para la conformación de un plan conjunto de negociación.

Estas consideraciones llaman a una relectura de diversos aspectos en esta etapa de la guerra. Confiere al gobierno encabezado por Montero un carácter oficial en el que se puede reconocer una continuidad del Estado peruano, a diferencia de las apreciaciones que sostienen que el país cayó en el colapso y la fragmentación política después de la caída de Lima ante las fuerzas enemigas. Asimismo, la contemplación de la Alianza lleva a replantear el escenario caracterizado únicamente por la solitaria disyuntiva entre la resistencia en la Sierra Central liderada por Andrés Cáceres y la disidencia de Miguel Iglesias en el Norte.

Ante la postura diplomática de los aliados, el interés de Chile apunta no solo a consolidar los logros obtenidos por las armas, sino también al desmembramiento de la Alianza. Se desprende que su objetivo, más que buscar un acercamiento con los aliados, es poner fin a la guerra y lograr la paz por separado. En este sentido, se entienden los reiterados ofrecimientos de canjear Arica con Bolivia con la intención de que ésta abandonara la alianza, aunque ésta mantuvo su destino ligado al del Perú. De la misma forma, la firma del Tratado de Ancón en octubre de 1883 con la anuencia de la facción iglesista, considerado comúnmente lesivo y entreguista.

En este nuevo esquema, el papel del colaboracionismo iglesista no radica necesariamente en las condiciones acordadas (las cuales resultaron similares o incluso menos severas en comparación a las ofrecidas al gobierno de Montero en ocasiones anteriores), sino más bien en que se convirtió en el interlocutor que le permitió a Chile acordar una rendición para poner fin a la guerra y a su vez hacerlo al margen del gobierno de Arequipa, en detrimento del plan de negociación y los objetivos de la Alianza. Por su parte, la resistencia cacerista está subordinada al fortalecimiento de la estrategia diplomática formulada por el Perú y Bolivia. En este sentido, la resistencia de la Breña adquiere un sentido distinto, más allá de la lucha por la defensa del honor nacional, y la encuadrada en un objetivo plausible: el desestabilizar y dificultar el sostenimiento de la ocupación chilena y presionar a sus autoridades para aceptar términos de paz dispuestos por los aliados, orientados a evitar la pérdida de las provincias del Sur. Aunque no esté del todo claras las reservas o limitaciones en un apoyo más decidido a la lucha del Ejército del Centro, la constatación del envío de refuerzos y armamento por parte de Montero hace que se maticen las aseveraciones que lo niegan.

En orden para despejar las carencias en torno a esta temática, el tratamiento metodológico se centró en la identificación en la historiografía de juicios parciales y lagunas de conocimiento, para confrontarlos con la información disponible en fuentes primarias, tanto institucionales como testimonios voluntarios a través de un análisis hermenéutico. Esto permite cotejar los discursos elaborados tradicionalmente por la producción historiográfica, distinguiendo sus principales aseveraciones, así como sus aspectos poco profundizados u omitidos sobre un tema que no ha recibido la atención necesaria para entender de forma más cabal este convulsionado periodo.

El rol del gobierno de Arequipa en el marco de la Alianza Perú-Boliviana no ha tenido el suficiente peso en los estudios concernientes a la última etapa de la Guerra del Pacífico. Episodios ignorados o poco ahondados han contribuido a la formación de diferentes mitos acerca de la guerra que aún prevalecen en la percepción y el imaginario colectivo acerca de ésta. Ante esta situación, la obra de Parodi constituye un importante aporte que esclarece y pone en discusión estas imágenes, ofreciendo una mirada distinta de estos hechos. Propone a su vez líneas de investigación para esclarecer más este periodo de la historia republicana. El despejar estas lagunas de conocimiento se vuelve una tarea imperativa para lograr una mejor comprensión de los procesos de nuestro devenir histórico.

Pueden acceder a una vista previa del libro AQUÍ.

domingo, 13 de enero de 2013

Sucedió en el Perú: San Juan y Miraflores

Episodio del programa 'Sucedió en el Perú', conducido por Antonio Zapata, dedicado a las batallas de San Juan y Miraflores (13 y 15 de enero de 1881). Estos fueron los dos grandes enfrentamientos librados en el marco de la Campaña de Lima durante la Guerra del Pacífico.






martes, 8 de enero de 2013

El viaje de Prado: ¿traición o calumnia?

Uno de los temas más controvertidos en relación a la Guerra del Pacífico es el de la leyenda negra construida en torno la "fuga" de Mariano Ignacio Prado. A lo largo de estos años ha proliferado la versión de que Prado, quien fuera el presidente del Perú para el inicio del conflicto, fugó del país robándose la colecta nacional recaudada para la compra de armamento.

Sin embargo, es un tema discutible, pero que está muy presente en diferentes campos, lo cual hace que persista en el colectivo la imagen de traidor. Sin embargo, a la luz de ciertas consideraciones, conviene confrontar la difusión de esta postura.

El controvertido viaje
El general Mariano I. Prado, presidente del Perú
Desde antes del comienzo del conflicto en 1879, la situación militar del Perú era adversa debido a la escasa repotenciación y modernización de sus fuerzas armadas. En la década previa al estallido de la guerra, la fuerte crisis fiscal y el fracaso de la política salitrera del gobierno de Manuel Pardo (1872-1876), sumado a los efectos de la crisis económica internacional, convertían al Perú en un país deudor ante los acreedores internacionales, principalmente extranjeros tenedores de bonos.

Esto afectó la capacidad crediticia de nuestro país para la adquisición de material bélico, de manera que se encontraba en una desventaja armamentística, numérica y logística ante Chile. Esta inferioridad se hizo manifiesta tras la pérdida del Huáscar en el combate de Angamos, con lo cual la balanza de la fase marítima y, ulteriormente, del conflicto en general se iría inclinando hacia Chile.

En este contexto, Prado regresó a Lima después de estar dirigiendo la Campaña del Sur desde Arica. Intentando solucionar la precaria situación, decidió salir del país para supervisar personalmente los trámites para la obtención de crédito financiero y la compra de armamento en el extranjero (principalmente barcos de guerra). Esto con la creencia de que su condición de primer mandatario contribuiría a la agilización del proceso de adquisición de estos elementos. Se realizó así la ya conocida colecta nacional, en la cual se llegó a reunir 200 mil libras  esterlinas con el fin de reunir recursos con los cuales se pudiera comprar los elementos tan necesitados.

Nicolás de Piérola
El 18 de diciembre de 1879 se emitió un decreto en el que se facultaba al presidente a realizar su viaje, con lo cual quedó a cargo el vicepresidente Luis La Puerta. Con autorización del Congreso y con conocimiento de su gabinete (recibió 3 000 libras como viáticos por parte del Ministro de Hacienda Jose María Químper), el general Prado partió del Callao en el barco inglés Paita y se dirigió a Estados Unidos; y luego a Europa, y durante el trayecto brindó declaraciones a distintos medios acerca del desarrollo de la guerra.

Sin embargo, esta iniciativa probaría ser un grave error. La ausencia del presidente durante el transcurso del conflicto tendría un fuerte efecto desmoralizador, al dejar al país sin la conducción política y militar en pleno enfrentamiento bélico en el territorio nacional. Este vacío político, a raíz de la desazón popular, fue aprovechado por Nicolás de Piérola, quien denunciaba a través de su medio periodístico La Patria que el presidente había abandonado el país.

Posteriormente, efectuó un golpe de Estado y depuso a La Puerta, tras lo cual se constituyó como Dictador. Seguido a esto, Prado fue declarado por el nuevo gobierno como traidor de la Patria, y despojado de su condición de ciudadano y rango militar, además de ordenada su captura. Es así que Prado no regresaría al Perú recién una vez acabado el conflicto.

La leyenda negra
Sin embargo, Prado no es procesado y, si bien, es recibido con frialdad, no se le imputa ni el cargo de traición ni el desfalco de los fondos. Es justamente a mediados del siglo XX que la leyenda negra es reforzada, cuando los hijos Manuel y Jorge participan en la política. En ese contexto, se retoma el asunto del viaje de Prado y crece al incluirse la acusación de haberse llevado la donación de la colecta. Ésta es la versión que mayor difusión ha tenido y cuya persistencia aún se sigue dando, especialmente en la enseñanza escolar.

Sin embargo, diferentes indicios ponen en tela de juicio este relato. La principal precisión que cabría hacer es que los fondos fueron llevados en otro barco por el comisionado Julio Pflucker y Rico. Es importante tener presente que en ese entonces ya existían medios para la realización de transacciones y traslado de fondos. Además, el dinero efectivamente llegó a Europa, y se efectuó el encargo de la fabricación de dos embarcaciones, de nombre Diógenes y Sócrates en los astilleros de Kiel, en Alemania. Sin embargo, estos fueron retenidos en Inglaterra, por lo cual no llegarían al Perú sino una vez terminada la guerra.

Haciendo un balance, esta leyenda negra tiene dos momentos en su desarrollo, cuyas motivaciones responden principalmente a razones de caracter político. El error de Prado no sería la traición, sino el confundir funciones en el ingenuo supuesto de que por su investidura presidencial tendría algún efecto en los proceso de facilitación de crédito para la obtención de armamento y pertrechos de guerra. Esta falta de cálculo político resultaría costosa, ya que devino en el final de su gobierno y en la creación de un mito que, a la luz del debate y la investigación histórica, hace necesaria la revisión del contenido histórico que es transmitido y perpetuado en las diferentes generaciones.
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La siguiente es una nota periodística del programa 'Reporte Semanal' (canal Frecuencia Latina) en el que abordan la discusión de este tema. Incluye entrevistas al historiador Antonio Zapata; Herrmann Hammann (director del Centro de Estudios Históricos-Militares del Perú); Felipe Portocarrero (rector de la Universidad del Pacífico); y Mariano Prado Miro Quesada, descendiente y homónimo del general.


FUENTES:
  • BASADRE, Jorge (2005). Historia de la República del Perú (9ª edición) v. 9. Lima: El Comercio.

lunes, 7 de enero de 2013

A la vuelta de la esquina: La heroica defensa de Lima en la Guerra del Pacífico

Episodio del programa 'A la vuelta de la esquina' (canal PlusTV), conducido por Gonzalo Torres, acerca de la historia de la defensa de la capital en la guerra de 1879. En este programa hace un recorrido de los lugares que fueron escenario de esta lucha en su situación actual, además de un recuento de los preparativos, los dispositivos y pormenores en la hora más aciaga para la ciudad a puertas de la invasión chilena.




sábado, 5 de enero de 2013

Cañón Vavasseur en el cerro San Cristóbal

Foto de la vista del cañón Vavasseur en el cerro San Cristóbal

Las siguientes son imágenes de un vestigio de guerra encontrado en las inmediaciones de nuestra capital. Se trata en esta ocasión de un cañón Vavasseur (que es en sí un cañón Blakely) de 250 libras que fue instalado en la cima del cerro San Cristóbal como parte de una posición conocida como "Ciudadela Piérola". Este dispositivo formó parte de la línea de Miraflores, una de las dos creadas para la defensa de la ciudad durante la Guerra con Chile.

Imagen de la posición capturada tras la batalla, con los restos del Vavasseur

Esta batería estuvo dotada de polvorín, telégrafo, barracas para tropa y alojamiento para oficiales con tanques de agua para su aprovisionamiento. Sin embargo, esta pieza de artillería fue posteriormente destruida tras del enfrentamiento, para evitar que fuera capturada por las fuerzas enemigas (tal como se puede observar en la foto de arriba).

En las siguientes fotos pueden ver los restos del Vavasseur dejado en un lado del camino de subida al cerro, lugar donde permaneció abandonado durante mucho tiempo, a merced de la gente que le removía el bronce por partes. Actualmente esta reliquia histórica se encuentra guardado en el Museo del Real Felipe.






miércoles, 2 de enero de 2013

La guerra que unió a Chile - Entrevista a Carmen McEvoy

Aquí pueden ver una entrevista realizada por La República a la historiadora peruana Carmen McEvoy con motivo de la publicación de Armas de persuasión masiva: retórica y ritual en la Guerra del Pacífico (2010). Este libro gira en torno a los esfuerzos realizados por Chile en el frente interno para justificar su participación en la guerra, analizando elementos como la construcción del discurso, los simbolismos, etc.